top of page

Sobre mi

El Río, la Sombra y el Oro: Mi Camino de Regreso

Tenía apenas unos años cuando entendí la delgada línea entre la vida y la muerte. Recuerdo la corriente de un río, el silencio de que nadie notara mi ausencia y la sensación de enterrar los pies en la arena mientras el agua intentaba llevarme. Fui rescatada por un "azar" del destino —un clavado de mi hermana que me devolvió el aire—, pero ese evento dejó una marca invisible: un miedo profundo a lo inevitable que me acompañó por años.

Ese río despertó en mí una curiosidad insaciable por lo que no se ve. Crecí escuchando historias de abusos, viví mis propias sombras con el acoso y sentí cómo el silencio puede ser tan sofocante como el agua. Aunque mi primera carrera me gustaba, sabía que había algo más profundo que necesitaba ser nombrado. Fue así como la Psicología me encontró.

Sin embargo, durante varios años estuve peleada con la espiritualidad. Mi mente buscaba la razón, lo científico, lo que se pudiera explicar bajo la lógica psicológica, y sentía que ambos mundos no podían convivir. Pero fue precisamente en esa búsqueda donde entendí que la ciencia necesitaba un puente hacia el alma. Cuando finalmente pude unir estas dos partes —la razón y el espíritu— fue cuando me sentí plena por primera vez.

En diversos caminos espirituales y terapias encontré el espejo que me faltaba para transformar el miedo a la muerte (Thanatos) y reclamar mi energía vital (Eros). Aprendí que para sanar no hay que huir de la oscuridad, sino meterse en ella. Descubrí que mis heridas no empezaron conmigo; eran dolores arrastrados desde mis ancestros, hilos invisibles que venían de generación en generación hasta llegar a mí. Al mirar de frente mi sombra y romper esas cadenas, pude elegir mi propio destino.

A través de mis estudios constantes y de mi propia exploración personal, he comprendido que la alquimia no se detiene; nunca terminamos de conocernos. Por eso, me sigo preparando cada día para ser una guía en tu proceso. Mi papel no es decirte quién eres, sino sostener la linterna mientras tú te descubres. Las heridas seguirán ahí, pero ahora sé que podemos transformarlas para que el dolor pese menos. No te prometo una vida sin sombras, pero sí te prometo que el viaje siempre será hacia adentro: un eterno volver a ti.

Psicologa, Tanatologa, Educadora sexual e Hipnoterapeuta

bottom of page